¡VIVOS SE LOS LLEVARON, VIVOS LOS QUEREMOS!

on Martes, 03 Febrero 2015. Posted in Desarrollo Político

A Julio César Mondragón, estudiante de la escuela normal de Ayotzinapa” le fue desollado el rostro y le vaciaron las cuencas de sus ojos, simplemente por exigir mejoras educativas. Él, como 42 másquemados vivos, por agentes del Estado, en Iguala, Guerrero, México; produjo sin lugar a dudas, horror en el más desprevenido de los seres humanos, pero al parecer no produjo el mismo efecto en las responsabilidades gubernamentales mexicanas. Vemos como hasta la fecha, no ha pasado nada, solamente un ruido mediático y las protestas de cientos de miles de personas que gritaron en toda la tierra ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

Las acciones represivas de los gobiernos en contra del movimiento social y de la protesta, no es nuevo. En el mismo México, podemos recordar la matanza de Tlatelolco en Octubre del 68, producida mediante el ataque militar orquestado por el gobierno de Díaz Ordaz, la cual tomó 29 minutos para dejar más de 300 cadáveres de estudiantes universitarios sobre las alcantarillas de la Plaza de las Tres Culturas. El mismo lugar donde el 13 de agosto de 1521 fueron masacrados los últimos mexicas bajo las armas de Hernán Cortés.

Esta vez, sucedió el 26 de septiembre de 2014 y el saldo es de solo 34 detenidos, amenazas a los testigos, varias fosas clandestinas encontradas con cadáveres, un presidente municipal en fuga, un gobernador al filo de la navaja, un palacio de gobierno en llamas, una presidencia terriblemente cuestionada, no solo por los mexicanos, sino también por la comunidad internacional. El saldo sigue creciendo sin control, la ONU se pronuncia; la OEA el próximo 11 de febrero recibirá a los familiares de las víctimas. Pero no observamos por ningún lado, la voluntad política del gobierno mexicano por esclarecer los hechos, al parecer se ocultan en otras noticias como para opacar la ola mediática producida por los acontecimientos.

La antropóloga mexicana Rossana Reguillo, habla a boca abierta de un poder oscuro de la narco máquina, divulga a todos los vientos las relaciones entre el Estado y el crimen organizado, y nos abre los ojos y sentidos en cuanto a la soberbia del gobierno mexicano que pensó ser capaz de gestionar un horror sin salpicarse. El grupo criminal Guerreros Unidos que asesinó a los 43, el grupo perredista de Abarca y el cacicazgo perredista del ex gobernador Ángel Aguirre mantienen el control de la ciudad de Iguala, los tres con entendimientos entre sí. Pero para el presidente Peña Nieto, esto no es relevante, ni tiene importancia, pues no ha producido ningún hecho contundente que detenga la ola de represión violenta de los grupos mezclados entre carteles de la droga, funcionarios de gobierno e instituciones.

Hasta ahora, solo cuerpos calcinados han sido enviados a Austria para su análisis, los familiares de los desaparecidos aseguran que no hay pruebas científicas que corroboren la versión oficial sobre lo ocurrido y acusan a la fiscalía de pretender cerrar el caso sin llegar a la verdad por motivos políticos. La escuela normal de Ayotzinapa ha sido objeto de represión por parte de los gobiernos federal y local durante toda la historia desde que fue creada, a la que catapultaron con el nombre de semillero de luchadores sociales y disidentes.

Este es el balance de un horror que los latinoamericanos estamos acostumbrados, que dejamos pasar como las aguas del rio, que vemos la barbarie como algo natural en nuestro contexto humano, pero por más que queramos a los que sentimos, nos maltrata hasta lo más profundo de las entrañas.

[]Igual observamos que los humanos no aprendemos de la historia, que repetimos los mismos hechos una y otra vez, que un país como México tan rico en cultura, siga escribiendo folios oscuros de su historia política, social y moral; sólo se agregan nuevos protagonistas y escenarios más caóticos que en el pasado. Que sea precisamente estudiantes los masacrados, nos hace reflexionar, que escuelas creadas con misiones culturales para llevar educación a un pueblo, como lo fueron las normales desde 1920 en todo el territorio mexicano sean arrasadas por tropas; organizaciones criminales que buscan mantener el poder sobre todas las cosas.

Los mexicanos como todos los latinoamericanos prisioneros del miedo, no reaccionaron como esperábamos, el derrocamiento del presidente, inmóviles, aún no se ha aprendido la lección. Ya no hay más Octavio Paz, quien quizás haya sido el único con coraje de dar a conocer al mundo la matanza de Tlatenolco en su fabuloso ensayo. Ahora vemos, un gobierno mexicano fragmentado, investigaciones acumuladas, familiares con miedo, y como todo en la vida, vemos pasar los acontecimientos y nada pasa. Hubo solidaridad en las protestas mundiales con lo ocurrido y como todo se quedará en los anaqueles de las bibliotecas la noticia, para que algún curioso en el futuro lea que 43 estudiantes fueron asesinados y el pueblo entero grito: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”.

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